05/02/2012
Muchas veces Gandhi enseñó:
“El ojo por ojo convierte a toda la humanidad en ciega”.
Queridos exploradores, ¿se están abrigando bien para
sobrevivir la ola de frio siberiana? Asegúrense de tomar mucho té caliente,
diferentes tipos de té, de manera que sus cuerpos puedan saborear el corazón de
esas hojas procedentes de tan variopintos rincones del planeta. O si lo
prefieren, café o cacao o chocolate… o cualquier cosa que caliente el cuerpo y
ponga las orejas rojas de felicidad.
En qué mundo tan serio y terrible vivimos. Leo con
preocupación que la nación más joven de Oriente Próximo quiere que otra
poderosa nación empiece una guerra contra una potencia nuclear vecina. Ninguna
de ellas es renombrada por su amabilidad ni habilidades diplomáticas. Las tres
utilizan creencias religiosas para justificar sus posturas y acciones. Las tres
ven a las otras como una amenaza. Las tres se vigilan ferozmente. Vecinas
gigantes, egoístas, gruñonas y cotillas que no tienen nada mejor
que hacer.
La mañana del sábado pasado constituyó un oasis en mitad del
frío, el sol salió y cogió al viento y la escarcha desprevenidos, de manera que
las temperaturas como mínimo 5 grados Celsius. Los árboles de los Jardines de
Gandhi estiraron tímidamente sus ramas y troncos para poder atrapar cada rayo
de sol. De repente la superficie de sus cortezas parecía mucho menos rugosa y
la savia comenzó a circular de nuevo por sus cuerpos. Así es como sonríen los árboles.
Entre sus ramas más entrelazadas aparecieron las somnolientas y verdes caras de
los periquitos, los pájaros salvajes de los que la gente dice que se han
convertido en una plaga en Barcelona. Gritan muy alto, pero a los árboles no
parece molestarle.
A la temprana hora de las 10 de la mañana, parece haber una conmoción
en el edificio más cercano al parque infantil y por lo tanto a la estatua de Gandhi.
En dos de sus balcones hay niños cantando, realmente alborotados, y cuando se
dan cuenta de que su vecino también está cantando, ellos comienzan a cantar más
alto.
-¡Hoy es mi-cum-pleaaa-ños, ja-ja!, ¡vamos a ha-cer-una-fiesss-ta,
ja-ja! – canta el niño del piso A, al que daremos, en aras de la claridad, un
nombre cualquiera, por ejemplo, er… el piso de Israel.
-¿Ah sí? ¡Hoy es el cumple de mi hermana también! ¡Lucíaaaaa,
es el cumple del vecino! – grita el niño del piso B, al que llamaremos, que sé
yo… el piso de Irán.
Y Lucía, que está justo al ladito de su hermano grita – Pero
mi fiesss-ta-de-cum-ple-será en el-paaar-que, ja-ja, ¡con
glooo-bos-y-co-miii-da, ja-ja!
- !Mieeer-da!-
grita Pep, el chico del piso de Israel, repentinamente lloriqueando – ¡Papá! ¡Los
vecinos van a hacer una fiesta en nuestro
parque! ¡Papá!
- ¡Jo-deeer!- Grita
Lucía lloriqueando aún más –¡Mamá! Los vecinos quieren robar nuestro parque para hacer su fiesta, ¡Mamá!
-¿Quéeeee?- Grita Papá Israel
mientras sale al balcón y echa un vistazo al del vecino – ¡No puede ser, ya
hemos invitado a todos nuestros
queridos amigos!
-¿Cómooo?-Grita Mamá
Irán mientras sale al balcón y se asoma al del vecino – ¡Deja de soñar, vecino,
nosotros hemos invitado a los nuestros
primero!
-¡Olvídate! ¡Hemos estado planeando esto durante meses! Y
hasta hemos comprado una gran tarta. ¡Vamos a ver quién llega primero! – grita Papá
Israel mientras corre adentro del piso y comienza a movilizar a toda la familia
– ¡Vamoooooooos!
-¡Olvídate tú! Hemos comprado una tarta que seguro es el
doble del tamaño de la vuestra. ¡Nosotros llegaremos antes!- se desgañita Mamá Irán
mientras corre adentro y hace que todos cojan las bolsas, sillas y comida – ¡Vengaaaaaaaa!
-¡Squawwwwwwwwk, squawwwwwwk!- gritan los periquitos
despertados abruptamente por tal estruendo.
Y Gandhi frunce sus pronunciadas cejas. Durante un largo
rato.
En los siguientes 2 minutos, los dos ejércitos se las
arreglan para luchar por el único ascensor que hay en el edificio ¡3 veces!,
los niños dejan caer natillas y galletas en el vestíbulo mientras corren
escaleras abajo, abuelita Israel y abuelita Irán intercambian miradas
desafiantes que son capaces de congelar la sangre en las venas, los vecinos
miran a través de las rendijas de sus puertas apenas abiertas pero tienen miedo
de intervenir, ¡ésta es una guerra furiosa! Abuelito Israel y abuelito Irán se
pelean por sus favoritos y rivales clubes de futbol, los papás Irán finalmente
se adelantan y montan la mesa y las sillas plegables en un santiamén y, todavía
sin aliento, comienzan a hinchar los globos, tornándose rojos, luego violetas,
luego azules –las personas, no los globos-
pero para cuando los papás Israel llegan, los otros ya han conseguido atar
3 hermosos globos a las esquinas de la mesa.
En los siguientes 3 minutos, los dos ejércitos luchan
encarnizadamente por el terreno en el parque infantil, cada silla montada es
una pequeña batalla ganada, cada globo inflado y atado es una pequeña victoria psicológica.
A los pocos niños que estaban inicialmente en el parque se los han llevado sus
padres, que temen por la carnicería que está por producirse. El nivel de ruido
aumenta, ya que ninguno de los padres ni los hijos han cesado de gritar por un instante.
Un vecino tiene el suficiente sentido común como para llamar a la policía, a
quienes, en aras de la claridad en esta historia, llamaremos er…déjenme pensar…
ah, sí, los Estados Unidos.
En los siguientes 5 minutos, los Estados Unidos llegan a la
escena bélica e intentan establecer responsabilidades: quién ha despertado a
los vecinos, quién ha estado gritando como un infiel/poseso/terrorista/kamikaze/periodista
de investigación (elíjase a gusto del explorador), quién ha pisado a abuelita Irán
sobre su pie malo, quién ha robado un trozo de la tarta, quién ha robado las
gafas de abuelito Israel… pero, de hecho, nadie ha parado de gritar aún, así
que los Estados Unidos comienzan a gritar por encima de todas las otras voces…
inicialmente parece que toman partido por Israel porque es claro que ocupan
menos territorio y saben asumir rápidamente el papel de víctima. Y los gritos
aumentan.
-¡Squawwwwwwwwk, squawwwwwwk!- gritan los periquitos,
ahora realmente irritados por esta gente que trata de imitarlos pero con tan
horribles y humanas voces.
Y Gandhi frunce sus pronunciadas cejas aún más. Durante un rato
más largo. Hasta que uno de los periquitos se posa sobre su hombro, picotea su
oreja tres veces, se rasca su propio e invisible oído contra las gafas de
Gandhi y vuela otra vez hasta la copa de los árboles.
En los siguientes 10 minutos, se desata la guerra mundial. 3
escuadrones de periquitos despegan desde los árboles y atacan el campo de
batalla sin piedad alguna. Sus picos pequeños pero afilados pican y arrancan
cabellos, sombreros, gafas, orejas, ¡incluso un tupé y varias dentaduras
postizas!
-Mier-daaaaaa!- grita Pep, el niño de Israel,
mientras se esconde bajo la mesa, su cara embarrada en el chocolate de la tarta
sobre la que había caído antes.
-Jo-deeeeeeeer! ¡Ayyyyyyy! grita Lucía, la niña
de Irán, mientras corre hacia la entrada de su edificio, con 2 periquitos aterrorizándola
y haciendo improvisadas trenzas giratorias con su pelo.
-¿Quéeeee? ¿Cómooo? ¡Socorroooo! ¡La Ostiaaaaa!- gritan
Papá Israel, Mamá Irán y los Estados Unidos mientras reciben un millar de
golpes picudos y corren en círculo alrededor de los árboles hasta que caen al
suelo los unos encima de los otros.
- ¡Es la última vez que venimos a ayudar a esta parte del
mundooooo!
El ojo por ojo
convierte a toda la humanidad en ciega.
Un periquito por cada
vecino gruñón convierte al mundo en un lugar mucho más ligero y alegre.
Bonita Historia
ResponderEliminarito
Tenerife
Viva los periquitos!!!! Deberiamos tener centenares de ellos
ResponderEliminarMe ha encantado!! Compotita