domingo, 17 de febrero de 2013

Arabesco de invierno: Las mil y una historias


12/02/2012

Cierta vez Gandhi escribió: “Mi religión se basa en la verdad y la no-violencia. La verdad es mi Dios. La no-violencia es la manera de llegar a Él”.

Queridos exploradores, una semana más ha pasado y el frío no se ha ido. Es el primer invierno de verdad en muchos años, o eso dicen. Los patrones climáticos han cambiado, el planeta ha cambiado, la gente que lo habita ha cambiado. Mas cálidos y más veloces, o eso dicen. Y a mí me gustaría hacerles una pregunta, por favor piensen un minuto antes de continuar leyendo, cierren los ojos si quieren e intenten visualizarla, imagínense las palabras, como en una gran pancarta, con un blanco lienzo donde pueden pintar la respuesta en grandes y negras letras mayúsculas.

La pregunta es: En el transcurso de los años, ¿qué es aquello que no ha cambiado en sus vidas?

Cierren los ojos, respiren, imaginen el lienzo blanco, respiren, píntenlo con sus verdaderas palabras, sus verdaderas, grandes, negras y mayúsculas respuestas.

¡Vaya lío que está hecho el parque infantil! No han limpiado todavía los restos de la batalla (del ataque de los periquitos) librada por las dos beligerantes familias que tuvieron la mala fortuna de haber traído al mundo a uno de sus vástagos en el mismo día. No se han hablado desde entonces. De modo que los verdes periquitos campan a sus anchas sobre el lugar y se han comido todas las migas del pastel. Pero los Jardines rezuman vida.

 Es una luminosa mañana de domingo, los rayos de sol calientan los rostros de los ancianos sentados sobre los bancos, hipnotizados, con los ojos cerrados, en silencio. No muy lejos, en el parque canino, las mascotas corren dentro de un espacio tan reducido que sus dueños italianos, alemanes y catalanes no pueden evitar sonreírse entre sí. No muy lejos, un grupo de vecinos españoles están jugando a la petanca, algunos con sus propios hijos e hijas, que ya deben tener cerca de cuarenta años. No muy lejos, en una plaza, un grupo de jovencitos paquistaníes juegan al cricket, alegres y sudorosos. No muy lejos, más cerca de la costa, las familias filipinas y gitanas preparan sus barbacoas mientras los niños ríen y se revuelcan en la hierba. No muy lejos, unos adolescentes realizan hábiles saltos y figuras en el aire sobre sus monopatines y bicis. Ecuatorianos, españoles, suecos, franceses, norteamericanos, argentinos. No muy lejos, hombres altos y estilizados de Mali y Costa de Marfil tocan sus instrumentos para la gente que pasea. No muy lejos, sobre el paseo de la playa, todas las mil y una nacionalidades convergen, paseando, contemplando el mar y las pocas velas que han salido de puerto en este día. Algunos venden cosas, otros las compran; algunos están de descanso, otros caminan hacia sus trabajos; algunos parecen tristes, la mayoría muestran expresiones de alegría. 

Los arboles más altos de los Jardines de Gandhi observan y sonríen. Recogen los rayos de sol, recogen lo que más les gusta. Las preciosas historias y deseos de mil y una personas, en sus mil y un idiomas. Se maravillan ante la complejidad de la naturaleza humana y su capacidad para adaptarse, cómo sus vidas se superponen, sus complejos detalles y matices, y cómo todos ellas coexisten, pacíficamente, hasta la llegada de la primavera, en un soleado y cálido arabesco de invierno.

 En el transcurso de los años, ¿qué es aquello que no ha cambiado en tu vida?

 Cierra los ojos, respira, imagina el lienzo blanco, respira, píntalo con tus verdaderas palabras, tu verdadera, gran, negra y mayúscula  respuesta.



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