domingo, 3 de febrero de 2013

Elogio a la ligereza del corazón: ¡El ataque de los Periquitos!


05/02/2012

Muchas veces Gandhi enseñó: “El ojo por ojo convierte a toda la humanidad en ciega”. 

Queridos exploradores, ¿se están abrigando bien para sobrevivir la ola de frio siberiana? Asegúrense de tomar mucho té caliente, diferentes tipos de té, de manera que sus cuerpos puedan saborear el corazón de esas hojas procedentes de tan variopintos rincones del planeta. O si lo prefieren, café o cacao o chocolate… o cualquier cosa que caliente el cuerpo y ponga las orejas rojas de felicidad.

En qué mundo tan serio y terrible vivimos. Leo con preocupación que la nación más joven de Oriente Próximo quiere que otra poderosa nación empiece una guerra contra una potencia nuclear vecina. Ninguna de ellas es renombrada por su amabilidad ni habilidades diplomáticas. Las tres utilizan creencias religiosas para justificar sus posturas y acciones. Las tres ven a las otras como una amenaza. Las tres se vigilan ferozmente. Vecinas gigantes, egoístas, gruñonas y cotillas que no tienen nada mejor
que hacer.

La mañana del sábado pasado constituyó un oasis en mitad del frío, el sol salió y cogió al viento y la escarcha desprevenidos, de manera que las temperaturas como mínimo 5 grados Celsius. Los árboles de los Jardines de Gandhi estiraron tímidamente sus ramas y troncos para poder atrapar cada rayo de sol. De repente la superficie de sus cortezas parecía mucho menos rugosa y la savia comenzó a circular de nuevo por sus cuerpos. Así es como sonríen los árboles. Entre sus ramas más entrelazadas aparecieron las somnolientas y verdes caras de los periquitos, los pájaros salvajes de los que la gente dice que se han convertido en una plaga en Barcelona. Gritan muy alto, pero a los árboles no parece molestarle.
A la temprana hora de las 10 de la mañana, parece haber una conmoción en el edificio más cercano al parque infantil y por lo tanto a la estatua de Gandhi. En dos de sus balcones hay niños cantando, realmente alborotados, y cuando se dan cuenta de que su vecino también está cantando, ellos comienzan a cantar más alto.
-¡Hoy es mi-cum-pleaaa-ños, ja-ja!, ¡vamos a ha-cer-una-fiesss-ta, ja-ja! – canta el niño del piso A, al que daremos, en aras de la claridad, un nombre cualquiera, por ejemplo, er… el piso de Israel.
-¿Ah sí? ¡Hoy es el cumple de mi hermana también! ¡Lucíaaaaa, es el cumple del vecino! – grita el niño del piso B, al que llamaremos, que sé yo… el piso de Irán.
Y Lucía, que está justo al ladito de su hermano grita – Pero mi fiesss-ta-de-cum-ple-será en el-paaar-que, ja-ja, ¡con glooo-bos-y-co-miii-da, ja-ja!
- !Mieeer-da!- grita Pep, el chico del piso de Israel, repentinamente lloriqueando – ¡Papá! ¡Los vecinos van a hacer una fiesta en nuestro parque! ¡Papá!
- ¡Jo-deeer!- Grita Lucía lloriqueando aún más –¡Mamá! Los vecinos quieren robar nuestro parque para hacer su fiesta, ¡Mamá!
-¿Quéeeee?- Grita Papá Israel mientras sale al balcón y echa un vistazo al del vecino – ¡No puede ser, ya hemos invitado a todos nuestros queridos amigos!

-¿Cómooo?-Grita Mamá Irán mientras sale al balcón y se asoma al del vecino – ¡Deja de soñar, vecino, nosotros hemos invitado a los nuestros primero!
-¡Olvídate! ¡Hemos estado planeando esto durante meses! Y hasta hemos comprado una gran tarta. ¡Vamos a ver quién llega primero! – grita Papá Israel mientras corre adentro del piso y comienza a movilizar a toda la familia – ¡Vamoooooooos!
-¡Olvídate tú! Hemos comprado una tarta que seguro es el doble del tamaño de la vuestra. ¡Nosotros llegaremos antes!- se desgañita Mamá Irán mientras corre adentro y hace que todos cojan las bolsas, sillas y comida – ¡Vengaaaaaaaa!
Squawwwwwwwwk, squawwwwwwk!- gritan los periquitos despertados abruptamente por tal estruendo.
Y Gandhi frunce sus pronunciadas cejas. Durante un largo rato.

En los siguientes 2 minutos, los dos ejércitos se las arreglan para luchar por el único ascensor que hay en el edificio ¡3 veces!, los niños dejan caer natillas y galletas en el vestíbulo mientras corren escaleras abajo, abuelita Israel y abuelita Irán intercambian miradas desafiantes que son capaces de congelar la sangre en las venas, los vecinos miran a través de las rendijas de sus puertas apenas abiertas pero tienen miedo de intervenir, ¡ésta es una guerra furiosa! Abuelito Israel y abuelito Irán se pelean por sus favoritos y rivales clubes de futbol, los papás Irán finalmente se adelantan y montan la mesa y las sillas plegables en un santiamén y, todavía sin aliento, comienzan a hinchar los globos, tornándose rojos, luego violetas, luego azules –las personas, no los globos-  pero para cuando los papás Israel llegan, los otros ya han conseguido atar 3 hermosos globos a las esquinas de la mesa.

En los siguientes 3 minutos, los dos ejércitos luchan encarnizadamente por el terreno en el parque infantil, cada silla montada es una pequeña batalla ganada, cada globo inflado y atado es una pequeña victoria psicológica. A los pocos niños que estaban inicialmente en el parque se los han llevado sus padres, que temen por la carnicería que está por producirse. El nivel de ruido aumenta, ya que ninguno de los padres ni los hijos han cesado de gritar por un instante. Un vecino tiene el suficiente sentido común como para llamar a la policía, a quienes, en aras de la claridad en esta historia, llamaremos er…déjenme pensar… ah, sí, los Estados Unidos.

En los siguientes 5 minutos, los Estados Unidos llegan a la escena bélica e intentan establecer responsabilidades: quién ha despertado a los vecinos, quién ha estado gritando como un infiel/poseso/terrorista/kamikaze/periodista de investigación (elíjase a gusto del explorador), quién ha pisado a abuelita Irán sobre su pie malo, quién ha robado un trozo de la tarta, quién ha robado las gafas de abuelito Israel… pero, de hecho, nadie ha parado de gritar aún, así que los Estados Unidos comienzan a gritar por encima de todas las otras voces… inicialmente parece que toman partido por Israel porque es claro que ocupan menos territorio y saben asumir rápidamente el papel de víctima. Y los gritos aumentan.

Squawwwwwwwwk, squawwwwwwk!- gritan los periquitos, ahora realmente irritados por esta gente que trata de imitarlos pero con tan horribles y humanas voces.

Y Gandhi frunce sus pronunciadas cejas aún más. Durante un rato más largo. Hasta que uno de los periquitos se posa sobre su hombro, picotea su oreja tres veces, se rasca su propio e invisible oído contra las gafas de Gandhi y vuela otra vez hasta la copa de los árboles.

En los siguientes 10 minutos, se desata la guerra mundial. 3 escuadrones de periquitos despegan desde los árboles y atacan el campo de batalla sin piedad alguna. Sus picos pequeños pero afilados pican y arrancan cabellos, sombreros, gafas, orejas, ¡incluso un tupé y varias dentaduras postizas!

-Mier-daaaaaa!- grita Pep, el niño de Israel, mientras se esconde bajo la mesa, su cara embarrada en el chocolate de la tarta sobre la que había caído antes.
-Jo-deeeeeeeer! ¡Ayyyyyyy! grita Lucía, la niña de Irán, mientras corre hacia la entrada de su edificio, con 2 periquitos aterrorizándola y haciendo improvisadas trenzas giratorias con su pelo.
-¿Quéeeee? ¿Cómooo? ¡Socorroooo! ¡La Ostiaaaaa!- gritan Papá Israel, Mamá Irán y los Estados Unidos mientras reciben un millar de golpes picudos y corren en círculo alrededor de los árboles hasta que caen al suelo los unos encima de los otros.

- ¡Es la última vez que venimos a ayudar a esta parte del mundooooo!


El ojo por ojo convierte a toda la humanidad en ciega.

Un periquito por cada vecino gruñón convierte al mundo en un lugar mucho más ligero y alegre.



2 comentarios:

  1. Bonita Historia


    ito

    Tenerife

    ResponderEliminar
  2. Viva los periquitos!!!! Deberiamos tener centenares de ellos
    Me ha encantado!! Compotita

    ResponderEliminar

Deja tu comentario aquí, ¡Namaste!