09/09/2012
“He aquí mi secreto.
Es muy simple. No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a
los ojos.”
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito
Queridos exploradores,
Hoy me proyecto al futuro en el pequeño universo de este
blog, al día de hoy, 9 de Septiembre del año 2012, para enviar un mensaje, un
guiño, un beso volado, una sonrisa traviesa.
Hay que cerrar los ojos y estar alerta, bien despiertos. Uno
ha de pensar por sí mismo, sentir por sí mismo. Dejar el mundo ya interpretado
y sus imágenes atrás y aprender a mirar hacia dentro.
Ocurre que a veces, y por más empeño que ponga, Gandhi solo
ve ante sí un desierto inmenso, yermo, de un silencio inconmensurable. Los árboles
desaparecen, la gente se esfuma, los perros y aún su ínfimo recinto para correr
se borran de Poble Nou. Los murmullos e imprecaciones de las personas sin techo
y los gritos y risas de los niños huyen de Barcelona, de la faz del mundo,
hacia el vacío.
Y Gandhi siente la necesidad de hablar, de creer que puede conversar
con este desierto. Gritarle a las dunas, los médanos, las crestas cinceladas a
la perfección por el viento.