domingo, 29 de abril de 2012

El mensaje


20/12/2011


Cierta vez Gandhi dijo: “Mi vida es mi mensaje”.

Queridos exploradores, ¿se han recuperado ya de subir y bajar por las dunas de Fuerteventura? ¿Han tenido la oportunidad de sumergirse con su mirada en el azul, azul Atlántico? ¿Escucharon la risa de Lara María mecida y envuelta por la brisa?

Las dos últimas semanas en el trabajo han sido muy duras. Me puse enfermo antes de acabar la primera semana y pensaba “Ya queda poco, sólo dos días más… ya queda poco, sólo un día más…”. Me quedé muy sorprendido, cuando, durante estos momentos difíciles, pareció que alguien susurraba a mi oído:

Ten fe, confía en ti mismo. Puedes superar numerosos obstáculos. Tan solo tienes que pedir ayuda cuando la necesites y aquéllos que te ayuden serán tu voz.

Este fue un mensaje que me reconfortó al instante y me dio nuevas fuerzas. Esta es la verdad.

Ya ha llegado el frío, frío invierno a Barcelona. Los árboles de los Jardines de Gandhi van perdiendo todas sus hojas y se acurrucan unos contra otros para derrotar al viento helado. Aún cuando sus ramas están desnudas y tiemblan, ellos continúan contando sus historias. La estatua de Gandhi permanece gélida, tan sólo levemente calentada por la manta de hojas extendida a sus pies y es muy difícil conseguir que hable estos días. Parece distante. Pero los árboles continúan  susurrando, y Gandhi, con una sonrisa apenas perceptible, continúa escuchando. Le toca ahora al árbol llamado Plátano, y no, no lo confundan con la bananera, pues no hay ninguna en Barcelona. Es un ser mucho más alto, sin fruto y con unas semillas en forma de bola marrón picuda.