20/12/2011
Cierta
vez Gandhi dijo: “Mi vida es mi mensaje”.
Queridos exploradores, ¿se han recuperado ya de subir y bajar por las dunas de Fuerteventura? ¿Han tenido la
oportunidad de sumergirse con su mirada en el azul, azul Atlántico? ¿Escucharon
la risa de Lara María mecida y envuelta por la brisa?
Las dos últimas semanas en el trabajo han sido
muy duras. Me puse enfermo antes de acabar la primera semana y pensaba “Ya
queda poco, sólo dos días más… ya queda poco, sólo un día más…”. Me quedé muy
sorprendido, cuando, durante estos momentos difíciles, pareció que alguien
susurraba a mi oído:
Ten fe, confía en ti mismo. Puedes superar
numerosos obstáculos. Tan solo tienes que pedir ayuda cuando la necesites y aquéllos
que te ayuden serán tu voz.
Este fue un mensaje que me reconfortó al instante
y me dio nuevas fuerzas. Esta es la verdad.
Ya ha llegado el frío, frío invierno a Barcelona.
Los árboles de los Jardines de Gandhi van perdiendo todas sus hojas y se
acurrucan unos contra otros para derrotar al viento helado. Aún cuando sus
ramas están desnudas y tiemblan, ellos continúan contando sus historias. La
estatua de Gandhi permanece gélida, tan sólo levemente calentada por la manta
de hojas extendida a sus pies y es muy difícil conseguir que hable estos días.
Parece distante. Pero los árboles continúan susurrando, y Gandhi, con una sonrisa apenas
perceptible, continúa escuchando. Le toca ahora al árbol llamado Plátano,
y no, no lo confundan con la bananera, pues no hay ninguna en Barcelona. Es un
ser mucho más alto, sin fruto y con unas semillas en forma de bola marrón
picuda.