domingo, 13 de enero de 2013

Las lluvias del ahora


29/01/2012

Cierta vez Gandhi escribió: “No quiero prever el futuro. Lo que me importa es cuidar del presente. Dios no me ha dado poder alguno sobre el momento siguiente”.

Queridos exploradores, ¿cómo les ha tratado el fin de semana? La última vez que nos vimos, los jardines de Gandhi estaban casi congelados por la Tramontana, el gélido viento del rincón noreste de España, aunque hubo una persona que encontró sentido, calor y la compañía de un amigo fiel en estos terrenos. Esta semana los árboles aún duermen pero el viento se ha marchado, dejando tras de sí las marcas de gélidos senderos plateados sobre las olas del Mediterráneo.

Como la lluvia limpia todos los recuerdos borrosos y transporta la mente al momento presente con sus grandes y refrescantes gotas.

Como la lluvia se lleva todas las innecesarias ambiciones de la vida y despierta la mente al momento presente con sus frías y refrescantes gotas.

Matilde acaba de salir del piso familiar cargada con bolsas: está la bolsa de plástico negra con la basura de ayer, pero también la bolsa azul con el papel para reciclar y las otras dos, amarilla y verde también para reciclar el plástico y las botellas de vidrio respectivamente. Está su propio bolso con pañuelos de papel, las llaves del coche, las llaves del aparcamiento, las llaves del piso de su mamá, las llaves de la oficina, dos teléfonos móviles, un par de casi olvidados lápices de labios y su gran cartera llena de recuerdos impresos sobre viejo papel kodak.

Matilde va con prisas hoy, iba con prisas ayer y ha ido con prisas durante los últimos 27 años, desde que nació su hijo Miquel. Ha estado tapando agujeros, cubriendo el próximo turno, haciendo y sirviendo la cena, manteniendo al marido y los hijos contentos. Con la intención de que pudieran disfrutar en el futuro de ese apartamento en la playa, con la intención de que los niños pudieran tener coche propio antes de ir a la universidad, con la intención de que el marido, Xavi, pudiera tener un ascenso y una subida de salario cada cuatro años, con la intención de irse todos juntos de crucero por el Mediterráneo antes de que los niños acabaran el instituto, con la intención de poder pagar la residencia de mamá, con la intención de darle a su hija Daniela la mejor fiesta de bodas vista en la familia, con la intención de ayudar a Miquel con el depósito de su primer piso cuando decidiera mudarse del hogar familiar.

Matilde va con prisas hoy, apenas cabe en el ascensor cuando baja de camino al portal del edificio. Va rodeada de sus bolsas. Unas las tiene que tirar, otras las tiene que vaciar con cuidado y devolver al piso familiar donde las continuará llenando con deseos que, si no se cumplen, podrán ser reciclados. Al final, Xavi no consiguió tantos ascensos, por lo que no pudieron comprar ese apartamento en la playa, por lo que Matilde tuvo que trabajar turnos mas largos, por lo que Daniela pudo tener una fiesta de boda sólo-socialmente-aceptable. Al final, ni Miquel ni Daniela fueron a la universidad, aunque ambos tengan coches. Hoy en día, Miquel está en paro y aún vive con sus padres. Se fueron todos juntos a de vacaciones a Andorra en vez de hacer el crucero por el Mediterráneo antes de que los niños acabaran el instituto. Y mama todavía vive con ellos.

Matilde va con prisas hoy, incluso se ha olvidado de vaciar las bolsas en los contenedores correspondientes delante de su edificio. Llega tarde a su empleo. El cielo se muestra gris y amenazador y ella emite un bufido cuando se da cuenta de que ha olvidado el paraguas. Golpean su cabeza las primeras gotas, grandes y frías, justo cuando enfila el sendero que pasa por delante de la estatua de Gandhi.

Matilde se apresura aún más, para llegar al coche al otro lado de los jardines. Pero la lluvia comienza a caer con más fuerza y las baldosas están mojadas y resbalosas. Los zapatos de Matilde no responden y ella cae sobre su costado. A medida que pierde el equilibrio, despacio, sus brazos describen grandes círculos en el aire y las bolsas salen despedidas en varias direcciones, creando un colorido desastre a su alrededor. Yacen ahora en el suelo, creando una nueva silueta: la bolsa de plástico negro con recuerdos de basura, los sueños reciclados de papel azul, los deseos futuros de plástico amarillo, los mensajes dentro de botellas de viejo y verde vidrio. Ni siquiera intenta levantarse. Tan solo alcanza a contemplar la escena con una sonrisa, quedándose quieta, respirando el frío, quedándose muy quieta, disfrutando del momento durante muchos, muchos minutos.


Como la lluvia limpia todos los recuerdos borrosos y transporta la mente al momento presente con sus grandes y refrescantes gotas.

Como la lluvia se lleva todas las innecesarias ambiciones de la vida y despierta la mente al momento presente con sus frías y refrescantes gotas.

3 comentarios:

  1. Cómo me ha gustado esta entrada al tu jardín... Me ha llenado mucho. ¡Buen broche para un buen día! Gracias por compartirlo

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  2. Muchas gracias Marta, por tu comentario y decirme no como te ha sentado, sino como te has sentido! Me alegro de que te haya llegado.

    Namaste!

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  3. Matilde sí que sabe...
    Ese gesto que nace de nosotros y se refleja en nuestros labios es un símbolo, sorprendente, sobre todo cuando es contrario a lo que "nuestras cargas" implican y porque asombrosamente consigue que nos enfrentemos a ellas con mucha más esperanza.
    Gracias, Rubén, por presentarnos a Matilde.

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