29/01/2012
Cierta vez Gandhi escribió: “No quiero prever el futuro. Lo
que me importa es cuidar del presente. Dios no me ha dado poder alguno sobre el
momento siguiente”.
Queridos exploradores, ¿cómo les ha tratado el fin de
semana? La última vez que nos vimos, los jardines de Gandhi estaban casi congelados
por la Tramontana, el gélido viento del rincón noreste de España, aunque hubo
una persona que encontró sentido, calor y la compañía de un amigo fiel en estos
terrenos. Esta semana los árboles aún duermen pero el viento se ha marchado,
dejando tras de sí las marcas de gélidos senderos plateados sobre las olas del
Mediterráneo.
Como
la lluvia limpia todos los recuerdos borrosos y transporta la mente al momento
presente con sus grandes y refrescantes gotas.
Como
la lluvia se lleva todas las innecesarias ambiciones de la vida y despierta la
mente al momento presente con sus frías y refrescantes gotas.
Matilde acaba de salir del piso familiar cargada con bolsas:
está la bolsa de plástico negra con la basura de ayer, pero también la bolsa
azul con el papel para reciclar y las otras dos, amarilla y verde también para
reciclar el plástico y las botellas de vidrio respectivamente. Está su propio
bolso con pañuelos de papel, las llaves del coche, las llaves del aparcamiento,
las llaves del piso de su mamá, las llaves de la oficina, dos teléfonos
móviles, un par de casi olvidados lápices de labios y su gran cartera llena de
recuerdos impresos sobre viejo papel kodak.
Matilde va con prisas hoy, iba con prisas ayer y ha ido con
prisas durante los últimos 27 años, desde que nació su hijo Miquel. Ha estado
tapando agujeros, cubriendo el próximo turno, haciendo y sirviendo la cena, manteniendo
al marido y los hijos contentos. Con la intención de que pudieran disfrutar en
el futuro de ese apartamento en la playa, con la intención de que los niños
pudieran tener coche propio antes de ir a la universidad, con la intención de
que el marido, Xavi, pudiera tener un ascenso y una subida de salario cada
cuatro años, con la intención de irse todos juntos de crucero por el
Mediterráneo antes de que los niños acabaran el instituto, con la intención de
poder pagar la residencia de mamá, con la intención de darle a su hija Daniela
la mejor fiesta de bodas vista en la familia, con la intención de ayudar a
Miquel con el depósito de su primer piso cuando decidiera mudarse del hogar
familiar.
Matilde va con prisas hoy, apenas cabe en el ascensor cuando
baja de camino al portal del edificio. Va rodeada de sus bolsas. Unas las tiene
que tirar, otras las tiene que vaciar con cuidado y devolver al piso familiar
donde las continuará llenando con deseos que, si no se cumplen, podrán ser
reciclados. Al final, Xavi no consiguió tantos ascensos, por lo que no pudieron
comprar ese apartamento en la playa, por lo que Matilde tuvo que trabajar
turnos mas largos, por lo que Daniela pudo tener una fiesta de boda
sólo-socialmente-aceptable. Al final, ni Miquel ni Daniela fueron a la
universidad, aunque ambos tengan coches. Hoy en día, Miquel está en paro y aún
vive con sus padres. Se fueron todos juntos a de vacaciones a Andorra en vez de
hacer el crucero por el Mediterráneo antes de que los niños acabaran el
instituto. Y mama todavía vive con ellos.
Matilde va con prisas hoy, incluso se ha olvidado de vaciar
las bolsas en los contenedores correspondientes delante de su edificio. Llega
tarde a su empleo. El cielo se muestra gris y amenazador y ella emite un bufido
cuando se da cuenta de que ha olvidado el paraguas. Golpean su cabeza las
primeras gotas, grandes y frías, justo cuando enfila el sendero que pasa por delante de la estatua de Gandhi.
Matilde se apresura aún más, para llegar al coche al otro
lado de los jardines. Pero la lluvia comienza a caer con más fuerza y las
baldosas están mojadas y resbalosas. Los zapatos de Matilde no responden y ella
cae sobre su costado. A medida que pierde el equilibrio, despacio, sus brazos
describen grandes círculos en el aire y las bolsas salen despedidas en varias
direcciones, creando un colorido desastre a su alrededor. Yacen ahora en el
suelo, creando una nueva silueta: la bolsa de plástico negro con recuerdos de
basura, los sueños reciclados de papel azul, los deseos futuros de plástico
amarillo, los mensajes dentro de botellas de viejo y verde vidrio. Ni siquiera
intenta levantarse. Tan solo alcanza a contemplar la escena con una sonrisa,
quedándose quieta, respirando el frío, quedándose muy quieta, disfrutando del
momento durante muchos, muchos minutos.
Como
la lluvia limpia todos los recuerdos borrosos y transporta la mente al momento
presente con sus grandes y refrescantes gotas.
Como
la lluvia se lleva todas las innecesarias ambiciones de la vida y despierta la
mente al momento presente con sus frías y refrescantes gotas.
Cómo me ha gustado esta entrada al tu jardín... Me ha llenado mucho. ¡Buen broche para un buen día! Gracias por compartirlo
ResponderEliminarMuchas gracias Marta, por tu comentario y decirme no como te ha sentado, sino como te has sentido! Me alegro de que te haya llegado.
ResponderEliminarNamaste!
Matilde sí que sabe...
ResponderEliminarEse gesto que nace de nosotros y se refleja en nuestros labios es un símbolo, sorprendente, sobre todo cuando es contrario a lo que "nuestras cargas" implican y porque asombrosamente consigue que nos enfrentemos a ellas con mucha más esperanza.
Gracias, Rubén, por presentarnos a Matilde.