domingo, 12 de agosto de 2012

Gandhi habla (gélidos senderos plateados)



16/01/2012


Todos los árboles se acurrucan juntos en esta semana helada en los Jardines de Gandhi. Los gélidos dedos de la Tramontana se extienden sobre las ramas y las despojan de las pocas hojas temblorosas, que aún intentan agarrarse a la corteza desesperadamente. Los árboles ya no susurran y permanecen dormidos.

Por la mañana, sobre el césped, uno puede ver pequeños caminos de rocío, como senderos hechos por caracoles, gélidos senderos plateados. Y Gandhi permanece en sí la única figura que no hace reverencia al viento. Sus diminutos hombros parecen ser capaces de soportar el peso del mundo en el resplandor del alba, aunque ningún pájaro acuda a posarse en ellos.

Un hombre bajo de estatura con la cara sucia ha venido a descansar a los pies de la estatua. Exhausto, con frío y miedo. Carga numerosas bolsas de plástico dentro de un carrito de supermercado cubierto con una raída y agotada manta. Un gorro rojo le distingue del gris del pavimento, y del gris de los pelos de su barba, gélidos senderos plateados. Desprovisto de toda energía, el hombre se enrolla como un ovillo con su manta y se desmaya viajando hacia el sueño.

Escucha, buen hombre,
Has tratado de llevar una vida digna,
Dejaste tu tierra en busca de una oportunidad mejor,
Dejaste atrás el sol de Navidad
Para pisar sobre estos gélidos senderos plateados.

 Escucha, buen hombre,
No desesperes porque no tengas un hogar,
No desesperes porque tus seres queridos ya no están en este mundo,
No desesperes, no desesperes
Porque la ciudad no albergue ni un poco de amor.

Escucha, buen hombre,
Esta noche es una noche terrible,
La sangre se congela en las venas,
Los huesos de los dedos se pegan entre sí, temblando en el aire,
Dibujando gélidos senderos plateados.

Por la mañana, buen hombre,
Encontrarás un presente extendido a tus pies,
Encontrarás la luz, el aliento y el calor,
Encontrarás que hay esperanza al doblar la esquina,
Porque aún no has de morir, ni acompañar a la soledad.

Por la mañana, buen hombre,
Verás que nuevas fuerzas acuden a ti,
Oirás que una nueva voz llama tu nombre,
Sentirás que hay tanto amor dentro de ti
Que derretirás los gélidos senderos plateados.

Ahora, buen hombre,
Te protegeré del frío con una oración,
Cuidaré de tus heridas cantando un antiguo mantra,
Liberaré el poder de tu alma con esta verdad:
Todo el amor que necesitas está dentro de ti.

Ahora, buen hombre,
Duerme profundamente.


Al llegar la mañana, parece que la temperatura ha mejorado ostensiblemente, y el hombre comienza a desperezarse con un sentimiento cálido. No había dormido tan bien desde hacía muchas semanas. Experimenta una sensación luminosa y húmeda a la vez en su mejilla, y oye un pequeño gimoteo. Pequeños besos. Un dulce buenos días. Un joven nuevo amigo presentándose, mientras no para de mover la cola y estira sus patas sobre los gélidos senderos plateados.


3 comentarios:

  1. Los gélidos senderos plateados
    durante instantes sublimes
    quedan postrados a los pies de tus letras
    que con toda la verdad y la luz que albergan
    vienen además a traernos esperanza, calidez, y dulzura,
    de la misma índole que trae una criatura
    peludita, cariñosa y fiel,
    cuando nos ronda en busca de jugar y retozar
    en ese amor que de la rígida ciudad
    se dice que no puede contener.

    No sé dejar de asombrarme, Rubén,
    Ante los gélidos senderos plateados,
    tampoco ante las historias con que nos despiertas
    de algunas de las horas más obligadas de un día;
    Y por eso me quedo con ellos,
    con los gélidos senderos plateados que ahora están
    de algún modo rendidos,
    en algún lugar, y aquí conmigo,
    a los pies de la figura inspiradora de Ghandi
    -incluso cuando no hace reverencia al viento-
    y por supuesto, a los pies
    de la complaciente y bendita influencia que consigues que sus Jardines obren,
    fluyendo a través de ti.

    Gracias.

    Un abrazo.
    Una admiradora.

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  2. Muchas gracias Phay por tus inspiradas palabras! Llevas a una poetisa dentro de ti, no lo dudes, y tienes un amor por las palabras que delata, en cada momento, tu enorme sensibilidad y empatia. Me alegro mucho de que podamos conectar a este nivel, una linda vista en nuestra ventana, un lindo camino al pie de nuestras puertas.

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    1. Ruben, GRACIAS a ti. Tus palabras son un verdadero honor, y de alguna manera también un descubrimiento. Me complace, de verdad, encontrarte cada vez en esta hermosa ventana, y tener esos caminos, preciosos, de letras y líneas, donde perdernos también. Un abrazo para vos.

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