03/12/2011
Cierta
vez Gandhi escribió: “Los débiles no pueden perdonar jamás. El perdón es el atributo de los fuertes”.
Queridos exploradores,
¿Cómo os ha tratado la semana? La última vez que nos vimos, os animé a ser
todo lo fértiles que podáis y a tener muchos bebés por medio de vuestra
imaginación. ¿Os habéis propuesto concebir muchos niños, muchas ideas? ¿Habéis devenido cariñosos padres y madres, y lo que es aún más
importante, ha regalado este hecho un nuevo color a vuestro día, un nuevo sabor
a vuestra mesa, un nuevo brillo a vuestros ojos? Por favor, traed más bebés de
la imaginación a este mundo.
Hoy vamos a dar un paseo matutino por los
jardines. Por favor tomad a vuestros niños de la mano, caminad hasta la estatua
de Gandhi y luego decidles que jueguen en el parche de césped mientras nosotros
nos sentamos en el banco que está justo bajo el pino. El pino mediterráneo, o
Pino, como prefiere que le llamen, susurró una historia a la estatua anoche. Le
he pedido a Gandhi que la comparta con nosotros.
"Lluis es un buen hombre, así me lo ha
susurrado Pino desde sus agujas más bajas. Cada día, muy temprano, justo al
romper la aurora, cruza los jardines en busca de una barra de pan. Se comerá
una mitad en el desayuno y la otra mitad en la merienda.
Lluis es un hombre seguro de sí mismo. Sus pasos
son rítmicos: bastón-paso- paso, bastón-paso- paso. Rara vez se detiene en los
jardines, tal vez sólo para admirar a alguna madrugadora madre que arrastra a
su adormilado pequeño hacia la escuela.
Lluis es un
hombre de pocas pero firmes palabras, continúa Pino. Las pronuncia con un timbre
bajo, agradable, musical, que los árboles adoran. Pero Lluis tiene miedo.
A Lluis le gusta mucho la señora del forn de pa, que está en sus cincuenta.
Le gustaría pedirle ir a tomar un café juntos en su descanso de media mañana, o
al acabar ella su turno. Pero tiene miedo. Piensa que es
demasiado viejo. Piensa que debería ser fiel a sus recuerdos, a su
pasado. Pino lo sabe porque puede oír a Lluis murmurando cosas para sí,
de camino a casa, justo después de encontrarse con la señora.
Pero hoy la señora del forn de pa le ha hecho un pequeño regalo a Lluis. Le ha puesto la
barra de cada día dentro de una bolsa nueva, una con un dibujo de niños jugando
en los jardines. Los ojos de Lluis se anegaron de lágrimas en un segundo.
Hace cerca de once años, Lluis solía cruzar los
jardines cada día estrechando la mano de una mujer, la mujer más bella que había
conocido jamás, y con quien se había casado en su juventud. La mujer contrajo cancer de
mama y murió en el transcurso de un año.
Esta mujer solía llevar colgada del brazo una bolsa de pan con un dibujo
de altas chimeneas de fábrica hechas de ladrillo, exactamente las mismas que
Pino divisa aún hoy desde sus ramas más altas.”
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ResponderEliminarQuerido hermano,es una historia preciosa y conmovedora a la vez,tu sensibilidad como siempre a flor de piel...estos relatos hacen que miremos hacia nuestro interior,y nos planteemos circunstancias de la vida que han pasado o estan ahi.un abrazo T.Q.M.
ResponderEliminarQuerida hermana, muchas gracias! Me alegro de que la historia te haya llegado. Si te ha hecho mirar hacia adentro, y ha provocado algun sentimiento, ya va cumpliendo uno de sus objetivos y me doy por contento! Un abrazo y yo tambien TQM.
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