30/06/2012
¿Sabías
que tu corazón es un planeta?
Queridos
exploradores,
Qué ausencia tan larga. He
estado lejos de mí mismo. Me he sentido exhausto y estresado por las largas
horas de trabajo, objetivos que cumplir y obligaciones. He dado un paso al lado
del camino durante más de un mes y parado completamente el viaje. De alguna
manera estaba perdido y deseando volver a éste, mi centro, mi árbol, la arena áspera
del sendero bajo mis pies descalzos.
Comienzo
la travesía de nuevo. La retomo en el punto donde la dejé. Si gustan, caminen a
mi lado, aún quedan otras maravillas por descubrir.
El
tiempo es una criatura caprichosa que se aloja en nuestro cerebro. Ahora que es
verano, me fuerza a volver al inicio de la primavera. Cuando el aire es todavía
severo y fresco en la mañana y los árboles bombean su savia arriba y abajo más rápido
con cada minuto del año. Los pájaros retornan a los Jardines de Gandhi. La
brisa ha cambiado, la esencia del aire y los aromas que éste transporta han
cambiado. Las horas de luz han cambiado. Los senderos que las sombras de los
arboles trazan durante el día han cambiado. Y la gente ha cambiado.
Sobre
las 10 de la mañana una joven mujer de unos veinte años, Lola, acude a los
jardines con una bolsa de compra en una mano y un cuaderno de notas y un bolígrafo
en la otra. Se sienta en el banco que esta frente a la estatua y con un largo
suspiro escribe en su cuaderno: Querido
Marc, lo he decidido, no voy a continuar fingiendo…
15
minutos más tarde Xavier, un hombre jubilado, cruza por delante de Gandhi en dirección
al bar que está al otro lado de los jardines. Se para en seco y ve a sus compañeros
de bebida tras el cristal. Han estado ahí muchos anos, compartiendo cada trago
matinal. Hay algo extraño en su forma de andar hoy. Resolución.
Antes
de alcanzar el bar, da un brusco giro a la izquierda y pone rumbo a la playa.
Cerca
de las 11 en punto una pareja de treinta y pocos, Damián y Sara, llegan a un
pedacito de césped y se sientan. No hablan. No se
miran a los ojos. Algo
se ha roto. Ella sostiene una hoja de papel grabada con el sello de cierto
hospital. Damián levanta la mirada, luego mira a Sara y con una entristecida
sonrisa le dice: China no está tan lejos,
y nunca hemos estado en Asia…
Unos
minutos antes del mediodía Mario, un hombre solitario acercándose a los
cuarenta, comienza a recorrer de un lado a otro los caminitos de los jardines,
completamente inmerso en sus pensamientos. Su cara y sus manos se muestran
tensas y son evidentes las señales de una lucha interna. Los recuerdos de
varios de sus ex acuden a su mente, pero hay uno que siempre permanece unos
segundos más que el resto. Coge su teléfono y escribe un mensaje de texto: Hola Darren, no sé quién eres hoy en día,
pero me gustaría volver a conocerte…
Y Gandhi
comienza a pensar que es un buen momento para limpiar su jardín de malas
hierbas.
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