23/11/2011
Cierta vez Gandhi dijo “No debes perder tu fe en la humanidad. La
humanidad es un océano; si unas pocas gotas del océano están sucias, el océano
no se tornará sucio”.
Queridos exploradores,
Espero que hayáis
juntado ya vuestras provisiones y las hayáis empaquetado en vuestra mochila
preferida, junto con la cámara y un pequeño cuaderno y un
bolígrafo. Quiero pediros que preparéis vuestra imaginación y pongáis los pies
de la mente en movimiento. Partimos ya para nuestro viaje. ¡Ale-hop! Quiero que
caminéis conmigo hacia este pequeño rincón de Barcelona llamado Poble Nou.
Su nombre significa “pueblo nuevo”, y lo fue para mí cuando me mudé aquí hace
ahora un año y medio.
Está cerca de la costa, así que si queréis, podéis
quitaros los zapatos y caminar perezosamente sobre la arena mientras escucháis
el romper de las pequeñas olas, o hacer fotos a las altas chimeneas de ladrillo
que ilustran su pasado industrial, o incluso tomar una merecida taza de café en
la Rambla del Poble Nou, la arteria principal de los paseantes de por aquí.
Porque a sus vecinos les encanta pasear, sentarse en las terrazas y tomar café,
aunque no necesariamente siempre en ese órden, y a mí también.
Sin embargo, hoy quiero llevaros a unos jardines
públicos.
Nada más mudarme a Poble
Nou, en mi camino diario de la estación de metro a casa, me di cuenta de que
había una pequeña estatua en uno de los jardines públicos que debía atravesar.
Era una estatua de un ser humano muy bajito, casi invisible bajo la sombra de
grandes árboles, sin pedestal, de pie sobre el suelo, con un gastado nombre
grabado sobre la plancha de metal que le servía de base. Me sentí muy humilde al
ver que se trataba de la estatua de Gandhi, Mahatma Gandhi. Traté de hacer todo
tipo de conexiones… ¿había visitado Gandhi Barcelona antes de convertirse en el
líder de la lucha por la independencia de la India? No, seguramente no. ¿Existiría
un grupo de seguidores suyos en Barcelona? ¿Una ONG en el vecindario? ¿Lo había
colocado aquí la Embajada India como un regalo a la ciudad? Incluso, ¿había emigrado una gran población India a Barcelona?. La respuesta a todas estas preguntas fue “No”.
Ha pasado bastante tiempo
desde ese primer encuentro y mi vida se ha asentado plácidamente aquí. A menudo
paso a través de los Jardines de Gandhi. Su figura me trae a la mente todo lo
bueno de la humanidad, una sensación cálida, una fe renovada en las personas
con mente y habilidades muy superiores a las mías empero con intenciones
poderosamente puras. Me recuerda que la humanidad es un océano. Nademos…
“No debes perder tu fe en la humanidad. La humanidad es un océano; si unas pocas gotas del océano están sucias, el océano no se tornará sucio”.
Puedes dejar un comentario anónimo o con tu nombre. Selecciona la opcion que mas te guste en "Comentar como:". Gracias.
ResponderEliminarHe llegado hasta los Jardines de Gandhi, esta misma noche, desde el suelo que piso en el norte de la isla Canaria cuyo techo besa el maravilloso Teide...
ResponderEliminarMe encantan estos viajes a los que nos invitas, permiten a mis ideas desordenarse sanamente entre el verde y los colores que rodean esa estatua pequeña con los pies en el suelo (hermoso detalle y símbolo: en el suelo, en la tierra)...
Este paseo me ha hecho sentir un poco más dichosa de ser parte de esta humanidad-océano, donde veo tanto azul como esperanza.
Gracias por este pasaje. Y por la dicha.
Buenas noches.
Muchas gracias por leer estas paginas desde el norte de Tenerife, gotita limpia! Y por tu comentario inspirado. Pienso que nunca debemos sentirnos solos, hay mucha mas gente nadando, creando, contruyendo, haciendo la vida mas interesante. Como nosotros, buscando el color y la melodia en las situaciones mas diversas. Disfruto contigo, la dicha es compartida. Namaste!
EliminarEs muy bonito ,he aprendido mucho sobre de mahatma gandi.. Muchas gracias señor Rubén A. Hernandez
ResponderEliminar